Cuenta la historia (de TV) que un hombre al límite de los
cincuenta años cuando recibe la noticia de que tiene un cáncer terminal, y
sumado esto a sus “fracasos” profesionales y personales, empieza a convertirse
en alguien capaz de matar, de extorsionar, de traficar con drogas, entre otras
no muy meritorias actividades. No sé si pueda encontrar alguna justificación
para todas esas cosas.
Pero es que en la vida real también han sucedido tantas
cosas, desde siempre, que pienso que a muchas personas les da metástasis a la
mente (Según la Real Academia de la Lengua, metástasis es el proceso de propagación de un foco
canceroso a un órgano distinto de aquel en que se inició). Si me permiten la analogía, solo a una persona que se le
llena la mente de cáncer puede pensar que tiene el derecho de matar a otro u
otros porque expresa una opinión o porque critica su manera de pensar; los
últimos sucesos en Francia no están muy lejos de lo que históricamente la
Iglesia católica ha hecho, de lo que muchos dizque líderes mundiales han hecho,
de lo que muchos fanáticos religiosos han hecho.
Aunque la metástasis a la mente también puede llegar de
manera individualizada, privadamente, en su habitación o en su trabajo; Un
periodista reconocido y con una gran trayectoria profesional en estos días
decidió suicidarse; no sabemos por qué, pero si podemos suponer que no fue una
decisión de un día para otro, pues los acontecimientos a su alrededor en los
últimos meses, ahora, indican una fuerte crisis emocional. Pero el suicidio de
personas famosas y que supuestamente tienen una vida perfecta tampoco es algo
nuevo, en 2014 vimos a las redes sociales conmocionarse por la muerte de Robin Williams
y por la de Philip Seymour Hoffman.
Si bien este último al parecer no se suicidó, sino que
sufrió una “sobredosis accidental de drogas”; yo no sé qué tan accidental pueda
ser una sobredosis, pues el drogadicto sabe que lo que se está metiendo al
cuerpo, va inversamente proporcional con su calidad y tiempo de vida. La droga
es otro tipo de metástasis a la mente del que muchas personas sufren, y vuelvo
a decir, no desde hace poco, sino desde siempre.
Todo esto nos lleva a pensar (me lleva a pensar) que la
única forma de evitar que nos dé metástasis al cerebro es mantenernos alerta de
cada cosa que pasa a nuestro alrededor, en lo personal, en lo familiar, en lo laboral,
en lo social. Y no sólo estar alerta, estar cada vez más conscientes de lo
linda que es la vida en sí misma, de lo maravillosa que es la naturaleza, de lo
grande e imponente que es nuestro universo. No creo que ninguna persona tenga
el derecho para destruir tales cosas.

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